«Paciente: Doctor, me siento muy cansada, sin energía y con pocas ganas de hacer las cosas. ¿Podría recetarme unas vitaminas?
Médico: Y su memoria, ¿cómo ha estado?
Paciente: Uy, no, todo se me olvida. También me cuesta mucho concentrarme. Otra cosa que me pasa, doctor, es que me duelen las articulaciones de las manos y las rodillas. ¿Qué será?
Médico: Los síntomas que me comenta pueden estar relacionados con el hipotiroidismo que usted presenta. Vamos a solicitar un perfil tiroideo para evaluar la concentración de hormonas tiroideas y determinar si la dosis de levotiroxina que está tomando es adecuada».
Este tipo de diálogo es frecuente en la consulta médica. Las personas con hipotiroidismo, es decir, con una producción insuficiente de hormonas tiroideas, suelen presentar cansancio, dificultad para concentrarse, problemas de memoria e incluso cambios en el estado de ánimo, incluyendo la tristeza y la depresión. Estos síntomas ocurren porque la falta de hormonas tiroideas afecta el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso.
Las hormonas tiroideas son moléculas las cuales se sintetizan y liberan en la glándula tiroides. Una vez en la sangre, viajan hacia distintos órganos, incluido el cerebro. Allí actúan sobre las células ‒las neuronas y las células glía‒, y regulan procesos fundamentales para su funcionamiento y comunicación. Por ejemplo, influyen en la síntesis y liberación de neurotransmisores, moléculas utilizadas por las neuronas para comunicarse, entre los cuales están el ácido gamma-aminobutírico o GABA, el glutamato, la dopamina y la serotonina.
Además, participan en la regulación de factores relacionados con la plasticidad neuronal, como el factor neurotrófico derivado del cerebro (BNDF). También contribuyen al mantenimiento del flujo sanguíneo cerebral, por lo que su deficiencia puede afectar regiones vinculadas con la atención, la memoria, las emociones y el procesamiento visuoespacial.1,2
Pero los efectos del hipotiroidismo no se limitan al cerebro. Las hormonas tiroideas también son importantes para el funcionamiento de músculos, articulaciones y nervios. Cuando sus niveles son bajos, pueden aparecer dolor y rigidez muscular o articular, especialmente en manos y rodillas. De hecho, este síntoma se presenta en más del 50% de los pacientes y en ocasiones puede confundirse con enfermedades como la artritis reumatoide1. En estos casos se habla de neuropatía hipotiroidea.
Paciente: Ay, doctor, yo tengo todos los síntomas. Ya me voy a morir.
Médico: No, para nada. Esto puede mejorar con el tratamiento. La levotiroxina ayuda a reducir el cansancio y la falta de energía, así como algunos problemas de concentración, siempre que la dosis sea la adecuada. Incluso el dolor muscular o articular puede mejorar.
Paciente: Yo pensaba que ya tenía demencia, doctor, porque todo se me olvida y hasta ando irritable.
Médico: No se preocupe. El tratamiento con hormona tiroidea suele mejorar varios de estos síntomas. También puede ayudar a disminuir los calambres, la debilidad y otras molestias musculares asociadas con el hipotiroidismo.
Paciente: Ahhh, sí, yo también siento que mis piernas se cansan mucho al caminar.
Médico: El tratamiento puede ayudarle a sentirse mejor. Pero recuerde que es importante repetir periódicamente el perfil tiroideo para vigilar la respuesta al tratamiento y ajustar la dosis si fuera necesario.
El tratamiento con levotiroxina permite revertir gran parte de los efectos del hipotiroidismo sobre el sistema nervioso. Sin embargo, cuando la alteración hormonal se mantiene por mucho tiempo, algunos estudios han sugerido una posible relación con procesos de deterioro cognitivo y con enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, aunque esta asociación todavía se sigue investigando. La falta de hormonas tiroideas puede disminuir los mecanismos de protección neuronal y favorecer procesos como el estrés oxidativo, la inflamación cerebral y la muerte de neuronas4. Por esta razón, cuando una persona con hipotiroidismo presenta síntomas neurológicos o dolor articular, es importante que el médico realice una evaluación cuidadosa. Esta previsión permite distinguir si los síntomas se deben sólo al hipotiroidismo o si pudieran estar asociados con otras enfermedades, como artritis reumatoide, lupus, osteoartritis, depresión, enfermedad de Parkinson, accidentes cerebrovasculares o Alzheimer.
Para saber +:
Amano I, Ninomiya A, & Koibuchi N. (2025). Neurological consequences of adult-onset hypothyroidism. Endocrine Journal, 72(11), 1175–1187. https://doi.org/10.1507/endocrj.EJ25-0163
Chen C, Cao J, Zhang T, Zhang H, Shi Q, Li X, Wang L, Tian J, Huang G, Wang Y, & Zhao L. (2024). Alterations in corpus callosum subregions morphology and functional connectivity in patients with adult-onset hypothyroidism. Brain Research, 1840, Artículo 149110. https://doi.org/10.1016/j.brainres.2024.149110
Dulloo AG. (2025). Adaptive thermogenesis driving catch-up fat during weight regain: A role for skeletal muscle hypothyroidism and a risk for sarcopenic obesity. Reviews in Endocrine and Metabolic Disorders, 26(5), 871–888. https://doi.org/10.1007/s11154-025-09970-9
Li Z, & Liu J. (2024). Thyroid dysfunction and Alzheimer's disease, a vicious circle. Frontiers in Endocrinology, 15, Artículo 1354372. https://doi.org/10.3389/fendo.2024.1354372