Cuidar los dientes y las encías previene caries, mal aliento y otras patologías bucales, ya que la salud oral está estrechamente ligada al bienestar general. Una higiene deficiente puede facilitar la aparición de enfermedades que afectan distintos órganos, tejidos y sistemas del cuerpo, por ejemplo, el cerebro. Estas alteraciones podrían ocurrir porque la boca no es un espacio vacío, sino un ecosistema complejo conocido con el nombre de microbiota oral, en el cual conviven bacterias, virus, hongos microscópicos y protozoarios, es decir, organismos unicelulares como las amebas que se desplazan mediante flagelos. Las bacterias son los microorganismos más abundantes, mientras que los protozoarios están presentes con menor frecuencia.
El papel de los virus también resulta interesante, pues la función de algunos de ellos es atacar a las bacterias, regulando su población. Son los llamados fagos, que actúan como policías al patrullar la boca y mantener bajo control el crecimiento bacteriano.
Cuando esta comunidad microbiana se mantiene en equilibrio (balance entre microbios “buenos y malos”), contribuye a la salud, pero si se altera, por mala higiene o por la presencia de enfermedades bucales, puede convertirse en un factor de riesgo que repercute en todo el organismo. De hecho, la microbiota oral está vinculada de forma directa con la aparición de tres de las enfermedades bucales más comunes: la caries dental, la enfermedad periodontal (que afecta a las encías y a los tejidos que sostienen los dientes) y el cáncer oral.
Caries dental: un problema de equilibrio
La caries aparece cuando ocurre un desequilibrio, o disbiosis, en la microbiota de la placa dental, esa película pegajosa que recubre la superficie de los dientes. En este ambiente surgen bacterias capaces de organizarse en biopelículas, y no hablamos de las que pasan en el cine, sino de auténticas fortalezas microbianas: estructuras donde las bacterias se agrupan, se protegen, producen ácido y, además, son capaces de tolerarlo. Un ejemplo clásico es la bacteria Streptococcus mutans, históricamente considerada una bacteria “protagonista” en la formación de caries. Aunque no siempre está presente, su capacidad para favorecer la formación de biopelículas la convierte en un factor clave del desequilibrio.
Ahora bien, la caries no se debe a una sola especie bacteriana, sino a un cambio ecológico complejo en el que participan distintos microorganismos. Entre ellos, las bacterias productoras de ácido Prevotella, Lactobacillus y Veillonella, los hongos microscópicos Candida albicans e incluso el virus Gamma herpesvirus humano, mejor conocido como virus de Epstein-Barr.
Podemos entender mejor este proceso imaginando una ciudad: cuando las bacterias problemáticas se multiplican, toman el control y desplazan a las bacterias que normalmente mantienen el orden. El resultado es un entorno dominado por la acidez y, con ello, el inicio del daño en nuestros dientes.
Enfermedad periodontal: más allá de la encía inflamada
La enfermedad periodontal se origina con una alteración en la microbiota de la encía. Este cambio provoca inflamación y la formación de una bolsa periodontal, un espacio anormal entre la encía y el diente que surge por la destrucción de los tejidos que lo sostienen.
Estos tejidos tienen muchos vasos sanguíneos por donde circulan células inmunes, como los neutrófilos, las cuales ayudan a mantener controlada la población de microorganismos que crecen constantemente en la encía.
Existen dos formas comunes de esta enfermedad:
Gingivitis, la etapa inicial, que puede revertirse con una buena higiene.
Periodontitis que aparece cuando la gingivitis no se controla. Esta forma es irreversible y ocasiona daños permanentes en los tejidos de soporte dental.
En las bolsas periodontales también viven otros microorganismos como la ameba Entamoeba gingivalis, que se alimenta de células humanas vivas, y el parásito flagelado Trichomonas tenax. Además, la presencia de bacterias y virus complican el cuadro clínico.
Cáncer oral y virus
Un gran porcentaje de cánceres orales, porque sí, hay más de uno, está relacionado con infecciones virales. En Estados Unidos, por ejemplo, el carcinoma oral de células escamosas (COCE) suele estar asociado con el virus del papiloma humano (VPH); más del 90% de los cánceres de garganta están asociados con el virus de Epstein-Barr. Estos datos demuestran que la salud bucal no solo depende de la higiene, sino también de cómo nuestra boca interactúa con distintos virus.
La microbiota oral, especialmente cuando hay enfermedad periodontal, está relacionada con enfermedades como diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer colorrectal, enfermedad inflamatoria intestinal, artritis reumatoide, hígado graso no alcohólico, obesidad, neumonía, Alzheimer, entre otras.
Enfermedad de Alzheimer: conexión boca-cerebro
La enfermedad de Alzheimer es una condición neurodegenerativa que provoca deterioro cognitivo, afectando la memoria, el lenguaje y la atención. Cada vez hay más evidencia de que la salud de la boca y la salud del cerebro están conectadas.
Los microorganismos patógenos causantes de enfermedad periodontal pueden migrar a otros sistemas, ya que la inflamación debilita las barreras epiteliales periodontales, el tejido alrededor de los dientes. Esta condición permite a las bacterias viajar por el torrente sanguíneo y llegar a órganos como el cerebro.
Estudios recientes han encontrado que bacterias comunes en la boca pueden infectar el cerebro y contribuir a la neurodegeneración en el Alzheimer. En los cerebros de pacientes con esta enfermedad (cerebros humanos obtenidos de un banco cerebral) se ha identificado la bacteria Porphyromonas gingivalis (P. gingivalis) relacionada con la gingivitis y periodontitis. Esta bacteria produce gingipaina, una neurotoxina capaz de atravesar una capa protectora del cerebro (hematoencefálica), provocando la muerte de las neuronas.
El material genético de esta bacteria también se ha detectado en el líquido cefalorraquídeo que rodea al cerebro y en la médula espinal de personas con un probable diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer. Además, se ha observado que sus enzimas están relacionadas con la proteína Tau, característica de la enfermedad de Alzheimer.
En experimentos con ratones, al provocar una infección oral con P. gingivalis, se encontró una acumulación de proteínas pequeñas, llamadas péptidos β-amiloides, en las neuronas, otro signo típico de Alzheimer. Al bloquear las enzimas bacterianas se redujo la inflamación y la producción de estas proteínas dañinas.
Estos hallazgos abren la puerta a nuevas terapias que podrían frenar la progresión de la enfermedad de Alzheimer, aunque se requieren más investigaciones antes de aplicarlas en humanos. Por esta razón, mientras los científicos trabajan en el laboratorio, tú puedes trabajar en el cepillado de tus dientes, que podría ser la primera línea de defensa para mantener tu cerebro sano.
Referencias
Baker JL, Welch JLM, Kauffman KM, McLean JS, He X. (2024). The oral microbiome: diversity, biogeography and human health. Nat Rev Microbiol 22, 89-104.
doi:10.1038/s41579-023-00963-6.
Cichonska D, Mazus M, Kusiak A. (2024). Recent aspects of periodontitis and Alzheimer’s disease-A narrative review. Int. J. Mol. Sci. 25, 2612. https://doi.org/10.3390/ijms25052612
Shawkatova I, Durmanova V, Javor J. (2025). Alzheimer’s disease and Porphyromonas gingivalis: Exploring the Links. Life 15, 96. https://doi.org/10.3390/life15010096
Detalles del autor
- Nombre(s):
Eric Octavio Sánchez Arteaga / UATx
Elvia Ortiz Ortiz / UATx
Aurora Lucero Reyes / UATx
Nélyda Romano Carro / UATx