Indra Damaris Cervantes Aguilar, UATx/ Miriam Betzabé Tecamachaltzi Silvarán, UATx/ Ixchel Valdez Calderón, Lenowa

Fuente: Lenowa

¿Qué es el autismo?

El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que forma parte de la neurodiversidad humana. No se trata de una enfermedad, sino de una forma distinta de procesar, percibir y responder al entorno. Las personas autistas presentan diferencias en la comunicación, el lenguaje, el procesamiento sensorial, así como conductas repetitivas o estereotipadas. El término «espectro» alude, justamente, a la forma diversa e individual que estas características se manifiestan en las personas con él.

Esa diversidad también influye en la manera en que se viven procesos corporales importantes, como la menstruación. En algunos casos, los cambios físicos, hormonales, sensoriales y emocionales asociados con esta etapa suelen experimentarse de forma distinta, por lo cual es necesario observarlos desde una mirada más amplia e inclusiva.

Más allá de lo biológico

Si bien la menstruación puede entenderse desde varias dimensiones ‒biológica, cultural y política,‒ empezaremos abordándola desde el punto de vista fisiológico. Su inicio suele darse entre los 10 y los 15 años, con un promedio cercano a los 12. Este proceso está regulado por el cerebro y las hormonas y ocurre cuando el endometrio, ese tejido que recubre el interior del útero, se desprende y sale del cuerpo en forma de sangrado vaginal. Forma parte del ciclo menstrual, el cual se repite en un periodo de entre 21 y 35 días, variando de 2 a 7 días de duración.

Asimismo, la menstruación es un proceso biológico, pero algo muy importante es su vivencia como experiencia cultural porque está atravesada por ideas, silencios, aprendizajes y formas de relación entre mujeres y otras personas menstruantes. Además, tiene una dimensión política y, desde ahí, los movimientos feministas han impulsado demandas vinculadas con la educación menstrual, el acceso a productos de gestión menstrual y el reconocimiento de la menstruación como un tema de salud y de derechos.

Menstruar siendo autista: explicación neurobiológica

La menstruación no ocurre solamente en el útero ni depende únicamente de los ovarios. Forma parte de un proceso más amplio ‒el ciclo menstrual‒ en el cual participan el cerebro, las hormonas y los órganos reproductivos.

A lo largo de este ciclo, el cuerpo pasa por distintas fases: la menstruación, cuando el endometrio se desprende; la fase folicular, en la cual madura un óvulo; la ovulación, cuando ese óvulo se libera; y la fase lútea, donde el útero se prepara para un posible embarazo.

La regulación de este ciclo comienza en el hipotálamo, una estructura del cerebro encargada de liberar la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH) en intervalos regulares, conocidos con el nombre de «pulsos rítmicos», que funcionan como una especie de reloj biológico. Esta señal estimula la hipófisis, una glándula situada en la base del cerebro, para que produzca la hormona luteinizante (LH) y la hormona foliculoestimulante (FSH).

Ambas hormonas viajan por la sangre hasta los ovarios y ahí participan en la maduración de los óvulos y en la producción de estrógenos y progesterona, dos importantes hormonas sexuales, que, a su vez, generan cambios en el útero. Si el óvulo no es fecundado, el endometrio se desprende y ocurre la menstruación.

Aunque este proceso forma parte de la biología humana, no siempre se vive del mismo modo. En adolescentes autistas, la menstruación puede experimentarse de manera distinta y, en algunos casos, con mayores dificultades físicas, sensoriales o emocionales que en adolescentes no autistas.

Sobre este tema todavía se sabe poco. Esto no resulta extraño si se considera la prevalencia de estudios del autismo en varones; por eso, hablar de la menstruación en adolescentes y mujeres autistas resulta importante.

Un estudio longitudinal sobre el momento de inicio de la pubertad, realizado en la Universidad Vanderbilt, hizo las siguientes aportaciones al tema: en adolescentes autistas, la pubertad puede presentarse a edades más tempranas y mostrar variaciones en su progresión hormonal. Esto sugiere posibles diferencias en la ritmicidad del eje hipotálamo-hipófisis-ovario.

En paralelo, algunos estudios preclínicos realizados en roedores con características asociadas al TEA han identificado alteraciones en el ciclo estral, cambios en la producción de hormonas reproductivas, como el estradiol y la progesterona, y una menor presencia de receptores estrogénicos en el hipotálamo. Sin embargo, la evidencia neurobiológica disponible en adolescentes y mujeres autistas todavía es limitada, por esta razón, comprender mejor estos mecanismos permitiría acompañar la experiencia menstrual desde una ciencia más inclusiva y respetuosa.

Figura 1.

Retroalimentación cerebral del ovario

Nota: Las hormonas ováricas como el estradiol, progesterona e inhibina, envían señales de retroalimentación al hipotálamo y la hipófisis, regulando la generación de GnRH, LH y FSH, lo que permite la ovulación y el mantenimiento del ciclo menstrual. Fuente: Imagen generada con inteligencia artificial mediante ChatGPT (OpenAI), 2026.

Menstruar siendo mujer autista: enfoque social

La experiencia menstrual no se explica solo desde las hormonas. Diversos estudios cualitativos muestran que muchas adolescentes y mujeres autistas han vivido su menstruación con poca información, escasa preparación y, en ocasiones, con malestar o desconcierto. Algunas reportan no haber entendido por qué su cuerpo reaccionaba de forma distinta al de sus compañeras, o por qué ciertos estímulos asociados con la menstruación les resultaban especialmente difíciles de tolerar.

A esto se suma el diagnóstico tardío, posiblemente, debido a la falta de educación menstrual adaptada a sus necesidades. Algunas adolescentes autistas han descrito una mayor sensibilidad al olor del sangrado, al contacto o la textura de las toallas sanitarias, e incluso al ruido producido por estas al caminar. En otros casos, también se ha documentado hiposensibilidad, es decir, una menor percepción de algunas señales corporales. Esto abre la posibilidad de que molestias importantes, como el dolor menstrual, no siempre se reconozcan o comuniquen del mismo modo.

Algunas mujeres también refieren experiencias negativas en los servicios de salud, donde sus molestias han sido minimizadas o interpretadas como exageraciones. Este tipo de respuestas raya en una forma de violencia institucional, especialmente cuando no se consideran sus necesidades sensoriales, comunicativas o emocionales.

Menstruar siendo autista: un acto político

Desde una perspectiva feminista, la menstruación en adolescentes y mujeres autistas es susceptible de analizarse como una experiencia atravesada por más de una desigualdad. No solo intervienen las normas de género, sino también las condiciones asociadas con la neurodivergencia. En muchos casos, además, estas desigualdades se entrecruzan con otras, como la clase social, la racialización, la discapacidad o la diversidad sexual.

Por eso, pensar la menstruación desde una mirada feminista y neuroafirmativa no significa desechar los avances en gestión menstrual, salud mental, productos de higiene o cuidados, más bien implica ampliarlos; reconocer que no todas las personas viven la menstruación de la misma manera y que, por ello, hacen falta propuestas ajustadas a las distintas experiencias. Entre ellas podrían incluirse materiales de educación menstrual accesibles, alternativas de comunicación, diseño de perfiles sensoriales y capacitación del personal de salud para ofrecer una atención más comprensiva y específica.

En ese sentido, hablar de menstruación y autismo no es solo hablar de hormonas o de síntomas, también es hablar de cuidados, derechos y condiciones más dignas para acompañar una experiencia corporal que, aunque común, no siempre ha sido comprendida en toda su diversidad.

Figura 2

Menstruación neurodivergente y feminista

Nota: La imagen hace alusión al reconocimiento de la lucha feminista y sus demandas en tema de menstruación. Fuente: Lenowa

Para saber +:

Abreu AP, Kaiser UB. (2016). Pubertal development and regulation. The Lancet Diabetes & Endocrinology, 4(3), 254–264. https://doi.org/10.1016/S2213-8587(15)00418-0

Barón-Mendoza I, Martínez-Marcial M, García-Juárez M, Mejía-Hernández M, Cortés-Sánchez Y, Zamora-Sánchez CJ, García-Rebollar JO, Chavira-Ramírez R, Ordaz-Rosado D, Camacho-Arroyo I, Tecamachalzi-Silvarán MB, Montes-Narváez O, González-Flores O, García-Becerra R, González-Arenas A. (2024). Disruptions in reproductive health, sex hormonal profiles, and hypothalamic hormone receptors content in females of the C58/J mouse model of autism. Hormones and Behavior, 164, 105593. https://doi.org/10.1016/j.yhbeh.2024.105593

Corbett BA, Muscatello RA, Kim A, Vandekar S, Duffus S, Sparks S, Tanguturi Y. (2022). Examination of pubertal timing and tempo in females and males with autism spectrum disorder compared to typically developing youth. Autism Research, 15(10), 1894–1908. https://doi.org/10.1002/aur.2786

Gray LJ, Durand H. (2023). Experiences of dysmenorrhea and its treatment among allistic and autistic menstruators: a thematic analysis. BMC women's health, 23(1), 288. https://doi.org/10.1186/s12905-023-02370-8

Stevenson JL., Harp, B., Gernsbacher, M. A. (2011). Infantilizando el autismo. Estudios sobre discapacidad trimestrales, 31(3). https://doi.org/10.18061/dsq.v31i3.1675

Figura 1.
Figura 2.
Figura 3.

Detalles del autor

  • Nombre(s):
    Ilustración de portada.