El sentido de la vista nos permite reconocer un rostro familiar, esquivar un objeto en movimiento o calcular una distancia al manejar. En la vida diaria, rara vez dudamos de lo que vemos. Sin embargo, la percepción no es una copia exacta del mundo exterior, sino una interpretación construida por el cerebro a partir de la información recibida. Por esta razón, en ocasiones, una persona puede exagerar, omitir o incluso completar detalles sin notarlo.

Un ejemplo claro son las ilusiones visuales. En ellas, lo que percibimos no coincide por completo con las propiedades físicas del estímulo. Algunas líneas paralelas pueden parecer inclinadas o desalineadas (Figura 1A), dos figuras del mismo tamaño pueden verse distintas según el contexto (Figura 1B) y un mismo color puede parecer diferente por el contraste con otros colores cercanos (Figura 1C).

Figura 1. A) Efecto Zöllner. B) Efecto Ebbinghaus y C) Efectos de contraste cromático. Fuente: Imagen creada por autoría propia mediante el software Canva.

El cerebro recibe información visual y debe procesarla en milisegundos. Analizar cada detalle por separado sería demasiado lento y demandaría más energía. Por este motivo, recurre a estrategias las cuales le permiten responder con rapidez. En lugar de reconstruir el mundo punto por punto, selecciona señales relevantes, compara patrones y usa el contexto para interpretar la escena. Este proceso funciona bien la mayor parte del tiempo. Las ilusiones aparecen cuando esas estrategias generan una interpretación la cual no coincide con las características físicas de lo que estamos viendo.

Cómo procesa el cerebro lo que vemos

El recorrido de la información visual comienza en la retina, donde la luz se transforma en señales eléctricas. Estas señales viajan por el nervio óptico hasta el núcleo geniculado lateral del tálamo, una estructura cuya función es relevar y organizar la información visual antes de enviarla a la corteza cerebral. Después llegan a la corteza visual primaria, ubicada en el lóbulo occipital, en la parte posterior de la cabeza. En esta región se procesan características básicas del estímulo, como el contraste, la orientación y los contornos. Es decir, el cerebro analiza los componentes simples de la imagen y después los integra en objetos y escenas más complejas.

A partir de ese procesamiento inicial, la información visual sigue dos rutas principales. La vía ventral, la cual se dirige hacia el lóbulo temporal, participa sobre todo en el reconocimiento de objetos, formas, colores y rostros; por eso suele asociarse con la pregunta «¿qué es esto?». La vía dorsal, proyectada hacia el lóbulo parietal, interviene en la localización espacial y en la relación entre la visión y la acción, por ello se relaciona con las preguntas «¿dónde está?» y «¿cómo interactúo con ello?», entre otras. Aunque estas rutas no funcionan de manera totalmente aislada, esta división ayuda a entender que la percepción visual depende de distintos circuitos los cuales procesan aspectos complementarios de una misma escena.

La percepción también depende de la experiencia

A este recorrido se suma otro componente importante: la experiencia. La percepción depende de lo que entra por los ojos y también de la experiencia previa, la atención, el aprendizaje y el contexto. Diversas áreas cerebrales, entre ellas regiones frontales y parietales (Figura 2), modulan la actividad en zonas visuales tempranas. Esta regulación nos muestra cómo el cerebro, además de recibir información, anticipa, compara y ajusta lo que percibe con base en lo que conoce. En ese sentido, ver no es solamente registrar estímulos, sino, además, interpretarlos.

Figura 2. Lóbulos cerebrales

Fuente: Imagen creada por autoría propia mediante el software Canva

Un caso interesante es el reconocimiento de rostros. Los seres humanos tenemos una gran capacidad para identificar caras y expresiones en muy poco tiempo. Esta habilidad es tan importante para la vida social que el sistema visual tiende a favorecer cualquier patrón parecido a un rostro, incluso cuando la información es ambigua. En consecuencia, a veces vemos caras donde no las hay o percibimos alteraciones extrañas en ciertos efectos visuales relacionados con la adaptación y la exposición prolongada a un mismo estímulo. Este fenómeno muestra hasta qué punto el sistema visual está orientado a encontrar patrones significativos, aun cuando esa búsqueda pueda llevar a interpretaciones equivocadas.

Las ilusiones visuales no son simples errores ni defectos del cerebro. Más bien son una ventana para entender cómo funciona la percepción. Nos muestran que ver implica seleccionar, organizar, comparar e interpretar la información sensorial a partir de la experiencia y del contexto. También nos recuerdan que este órgano no produce una copia exacta del mundo, sino una representación lo bastante útil para actuar en él. En un entorno saturado de imágenes, pantallas y estímulos, comprender este proceso resulta especialmente importante.

Por lo tanto, no desconfiemos de la vista, más bien conviene entender sus alcances y sus límites. No vemos el mundo tal como es en sí mismo, sino como nuestro cerebro logra construirlo a partir de la información disponible.

Para saber +:

Cavanagh P. (2024). Using illusions to track the emergence of visual perception. Annual Review of Vision Science, 10(1), 1–22. https://doi.org/10.1146/annurev-vision-103023-012730

Eagleman D. (2001). Visual illusions and neurobiology. Nature Reviews. Neuroscience, 2(12), 920–926. https://doi.org/10.1038/35104092

Mash J, Jenkinson P, Dean C, Laws K. (2023). Strange face illusions: A systematic review and quality analysis. Consciousness and Cognition, 109(103480), 103480. https://doi.org/10.1016/j.concog.2023.103480

Tibbetts E, Harris O, Morehouse N, Caves, E. (2024). The evolution of simplifying heuristics in visual cognition: Categorization, specialization, and visual illusions. Annual Review of Vision Science, 10(1), 123–144. https://doi.org/10.1146/annurev-vision-100923-015932

Todorović D. (2020). What are visual illusions? Perception, 49(11), 1128–1199. https://doi.org/10.1177/0301006620962279

Figura 1.
Figura 2.

Detalles del autor

  • Nombre(s):
    Ismael Cuatecontzi de la Fuente, UATx / Estela Cuevas Romero, UATx