Cursé la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la UATx. Nunca imaginé que mi formación pudiera vincularse íntimamente con el quehacer científico, pero eso fue justamente lo que descubrí al llegar al Centro Tlaxcala de Biología de la Conducta (CTBC), gracias a la maestra Olimpia Guevara Hernández.
Todo comenzó cuando llegué a este centro de investigaciones para realizar mi servicio social en la revista ¡Órale!, hoy ECOSySTEAM. Elaborar reseñas de los simposios del CTBC fue un reto emocionante: debía escuchar con atención las ponencias de especialistas en Biología, comportamiento animal o Neurociencia y, después, trasladar esas ideas en textos claros, fluidos y atractivos. Aquella experiencia me reveló una cuestión fundamental: la escritura podía ser un puente para acercar la ciencia a públicos más amplios, sin perder su esencia ni su rigor.
La comunidad académica y el ambiente de aprendizaje me habían cautivado, así que continué colaborando en actividades relacionadas con la corrección ortotipográfica de materiales de divulgación para redes sociales. Ese trabajo me permitió comprender cómo se construyen los mensajes científicos para distintos públicos y, a la vez, reforzó mi convicción de que la divulgación es, en realidad, un ejercicio de recontextualización discursiva que permite transformar temas especializados en discursos claros y accesibles para públicos diversos.
Con el tiempo, ese interés se transformó en una decisión más grande: continuar mi formación a nivel de posgrado. Una de mis principales motivaciones fue aprender más sobre divulgación de la ciencia, sobre todo porque encontraba un vínculo natural con una de mis áreas de formación, la lingüística.
El CTBC se convirtió en mi primera opción, no solamente por el contacto previo con su comunidad, sino porque representaba un espacio donde podía crecer académicamente y, al mismo tiempo, mantener viva mi pasión por la escritura.
Ingresar al posgrado significó enfrentarme a un territorio nuevo y desafiante. Venía de un campo distinto y, al principio, todo parecía ajeno: los conceptos, las metodologías, incluso el lenguaje. Sin embargo, esa sensación de extrañeza se convirtió en una motivación, poco a poco descubrí que la riqueza del posgrado estaba precisamente en esa diversidad. Me introduje en la divulgación y así tuve la oportunidad de conocer sobre incontinencia urinaria, epigenética, biodiversidad y síndrome metabólico. Cada tema, aunque lejano a mi formación inicial, me abrió la puerta a nuevas formas de mirar el mundo invitándome a la reflexión.
Actualmente curso el tercer semestre de la maestría con la dirección de la doctora Margarita Martinez Gómez y la maestra Olimpia Guevara Hernández, quienes han sido una guía para mi proyecto de investigación. El paso por el posgrado ha sido una experiencia de descubrimiento permanente. He aprendido que la divulgación no se trata únicamente de “contar la ciencia”, sino de crear un espacio de encuentro entre disciplinas, personas y saberes.
Para mí, la palabra y la ciencia son mundos aliados capaces de transformar la manera en que nos relacionamos con el conocimiento.
Detalles del autor
- Nombre(s):
Gabriela Sánchez Polvo