Mi acercamiento a la divulgación de la ciencia comenzó en el Centro Tlaxcala de Biología de la Conducta (CTBC), dentro del programa “Ciencia Tlaxcala”, dirigido por el Dr. Jorge Rodríguez Antolín y la Dra. Margarita Martínez Gómez. Participar en entrevistas a investigadores de Tlaxcala, México y el mundo me permitió asomarme al universo científico. Cada conversación era una ventana a temas fascinantes; me sentía como una célula recién diferenciada, descubriendo su función en un tejido lleno de saberes. La curiosidad era mi motor y el asombro, mi combustible.
Esta experiencia me llevó a estudiar la Maestría en Ciencias Biológicas en el CTBC. Cada día en el posgrado era una oportunidad para adquirir nuevos aprendizajes, desde clases de biomedicina hasta mi estancia en el Instituto de Neuroetología de la Universidad Veracruzana. Con la guía de los doctores Jorge Suárez Medellín y Porfirio Carrillo Castilla aprendí que divulgar la ciencia no consiste solamente en traducir conceptos, sino en activar receptores de interés en las audiencias, como si fueran neurotransmisores que despiertan la curiosidad y fascinación por la ciencia.
Más allá de la caja negra
En clase con el Dr. Francisco Castelán aprendí el valor de analizar y tratar de entender los procesos internos de la ciencia; como en la comunicación celular, donde la “caja negra” representa lo que ocurre y cómo ocurre al interior, divulgar la ciencia exige conocer a fondo aquello que se comunica porque no se puede hablar de lo cual no se conoce.
Durante mi tesis de maestría realicé un análisis de las actividades de divulgación en el CTBC. Este trabajo permitió ordenar, definir y caracterizar las acciones de comunicación pública de la ciencia. A través de un análisis FODA identifiqué oportunidades como la creación de una oficina de comunicación de la ciencia, la actualización de materiales didácticos, la exploración de nuevas estrategias de divulgación en redes sociales y la evaluación continua.
Darwin dijo: “La evolución no ocurre en aislamiento, sino en interacción constante con el entorno”. Esta idea también aplica al ámbito académico: los divulgadores, como los organismos, se transforman al entrar en contacto con nuevas instituciones, culturas científicas y perspectivas. Por ello, la movilidad académica ha sido clave en mi formación y continuar en el posgrado me permitió cursar el Diplomado en Comunicación Pública de la Ciencia en la Universidad Veracruzana, además de talleres como Creación de podcast en la Universidad Iberoamericana y Escritura de artículos de divulgación científica, organizado por la SOMEDICYT, entre otros. Cada experiencia fue muy enriquecedora, ampliando mis capacidades y adaptándome a nuevos entornos.
Actualmente curso el doctorado en la línea de investigación de divulgación de las ciencias biológicas, con el proyecto de investigación Estrategia de divulgación de las ciencias biológicas en redes sociales: Vinculación del CTBC con los públicos no especializados, bajo la dirección de las doctoras Margarita Martínez Gómez y Elvira Morgado Viveros, pilares fundamentales en mi formación.
En continuidad con el programa CITLAX, estoy encargada del pódcast Explorando la intimidad de la ciencia en Spotify, soy community manager de las redes sociales del CTBC y coordino el programa Los Tesoros de La Malinche. Para mí, la ciencia es un universo apasionante y comunicar significa, más que transmitir datos, sembrar pensamiento crítico, despertar la curiosidad y encender la vocación por el saber; es encontrar ese punto justo, al igual que ajustar el pH de una solución, donde la reacción ocurre, no por imposición, sino por inspiración y, como en toda solución, los elementos son clave. El éxito de estas iniciativas de divulgación en el CTBC son fruto del trabajo colaborativo de una comunidad científica comprometida con el acercamiento de la ciencia a todos.
Detalles del autor
- Nombre(s):
Adriana Blanquel Gómez